Si has llegado hasta aquí...

...es probable que estés buscando información sobre una plaga o enfermedad de tus rosales. Recuerda que es responsabilidad de tod@s el uso sostenible de los tratamientos fitosanitarios: la utilización de insecticidas, fungicidas, acaricidas, etc. ha de ser puntual, proporcionada y justificada, minimizando los efectos negativos sobre los humanos y la fauna terrestre y acuática.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Una rosa para Mercè Rodoreda (I)

Hace unos años le explicaba a una conocida el proyecto del que, con el tiempo, sería mi patio. Ella me dijo: "tú estás pensando en un jardín Rodoreda". Tenía razón. No me lo había planteado así hasta ese momento, pero fuímos repasando plantas y flores, y todo encajaba: esta sale en tal novela, esta en esta otra...


Algún día tenía que darle las gracias a una de mis escritoras favoritas. Y os ha tocado: amenazo con dedicarle una serie de entradas en este blog; no sé cuántas serán, pero estarán lo suficientemente espaciadas para no saturaros (espero). El simbolismo de las flores en la obra de Mercè Rodoreda ha sido objeto de extensos estudios, no voy a descubrir nada nuevo; simplemente me gustaría recoger algunas frases, algunos momentos de su obra, y compartir con vosotros mi admiración por esta escritora.


Y tras esta introducción, empezamos.




Mercè Rodoreda (1908-1982) aprendió a amar las flores durante su infancia, de la mano de su abuelo. El recuerdo del jardín de la casa familiar, en el barrio de Sant Gervasi, le acompañará toda su vida, buena parte de ella alejada de Barcelona.


"Recuerdo la sensación de estar en casa cuando, asomada a la barandilla del terrado, veía caer sobre el césped y las hortensias las flores azules de la caroba. No sabré explicarlo nunca; nunca me he sentido tan en casa como cuando vivía en casa de mi abuelo con mis padres".
Mercè Rodoreda. Imágenes de infancia


Al acabar la Guerra Civil española se ve abocada al exilio, primero en Francia, en unos duros años marcados por la II Guerra Mundial, la ocupación alemana, la inestabilidad y la precariedad económica, durante los que apenas puede escribir, y más tarde, a mediados de los años cincuenta, en Ginebra, donde puede dedicarse a la escritura y produce la mayor parte de su obra. Durante unos quince años permanece en esta ciudad, hasta que a principios de los años setenta regresa a su país y se instala en Romanyà de la Selva, al pie de la sierra de Les Gavarres, nuevamente, como durante su infancia, en una casa con jardín. Allí vivirá los últimos años de su vida.


Ya desde sus primeros cuentos y novelas, escritos en los años 30, la presencia de flores es constante, en muchas ocasiones como referencia de la juventud, de la inocencia o de la felicidad perdida. Nos paramos en la primera obra que publicó antes del exilio, Aloma.




Aloma, la protagonista, es una adolescente que vive en una modesta casita con jardín, y el jardín es su espacio, el lugar donde sueña, el lugar donde es feliz. Cuando acaba la novela, Aloma es una adulta enfrentada a una dura realidad, que ha perdido la inocencia y ha perdido también su jardín; el paso del tiempo, unos meses en la novela, Aloma lo relaciona siempre con las flores:


A vegades un mes passa molt de pressa. Si el mes és un abril boig, amb flors i pluges i núvols i matins radiants i càlids, més. De pressa! Tant que, a primer de maig, s'han badat totes les roses i, amb l'alegria de les flors, els dies no compten.


A veces un mes pasa muy deprisa. Si el mes es un abril loco, con flores y lluvia y nubes y mañanas radiantes y cálidas, más. ¡Deprisa! Tanto que, a primero de mayo, se han abierto todas las rosas y, con la alegría de las flores, los días no cuentan.1




Han passat dies. I més dies. I el maig. I part del juny. I les roses.


Han pasado días. Y más días. Y mayo. Y parte de junio. Y las rosas.




Vénen les primeres pluges i l'aigua, a les tardes, pica monotonament els vidres. Cau de la punta de les fulles i el til·ler, que de l'agost ja s'esgroguissava, es comença a desfullar. El roser que fa dues florides té les flors amb les puntes requemades, car de matins ja comença a fresquejar.


Llegan las primeras lluvias y el agua, en las tardes, golpea monótonamente los cristales. Cae de la punta de las hojas y el tilo, que desde agosto ya amarilleaba, comienza a perder las hojas. El rosal que florece dos veces tiene las flores con las puntas requemadas, porque por las mañanas ya empieza a refrescar.



Aloma se despide de su casa, y describe un estilo de jardín muy común en aquella época; en los barrios más antiguos de Barcelona se pueden ver todavía jardines parecidos; incluso, si se busca bien, con gallineros.


A poc a poc es deixa anar a terra. Sense guaitar-lo veu el jardí. El til·ler que, quan s'ajeia a sota, a l'estiu, feia un sostre verd de clarors i ombres. El galliner amb la parra. Les gardènies...La morera festejant la finestra. I un eucaliptus mig partit per un llamp tocant a la casa abandonada.


Lentamente se deja caer. Sin mirar por la ventana ve el jardín. El tilo que, cuando se echaba a sus pies, en verano, formaba un techo verde de luces y sombras. El gallinero con la parra. Las gardenias... La morera coqueteando con la ventana. Y un eucalipto partido por un rayo junto a la casa abandonada.



Y en las últimas líneas de la novela, un rosal, un reflejo de Aloma:


Els carrers són quiets. D'una paret penja un roser sense roses.


Las calles están tranquilas. De una pared cuelga un rosal sin rosas.



Otro día continuamos...


Referencias:


  • www.mercerodoreda.cat
  • Aloma. Barcelona: Institució de les Lletres Catalanes, 1938


(1) Disculpad a esta traductora sobrevenida, no tengo las ediciones en español.

17 comentarios:

Ana María 30 de noviembre de 2008, 20:53  

Hola!

Elionor, gracias por invitarnos a conocer a esta escritora; no la conocía y me gustan las traducciones :)

Besos :)

Hawai 30 de noviembre de 2008, 21:26  

¿Y ya está?. Me has dejado con la miel en los labios. Gracias, Elionor.

Tengo algo en común con la Rodoreda: la casa de los abuelos. En mi caso, la de mis abuelos maternos. La vinculo por completo a huerta, jardín y Naturaleza,...y vacaciones. La entiendo muy bien cuando dice que allí era completamente feliz.
Los abuelos son tan importantes en nuestra infancia.

Saludos para tod@s!!!.

Josep 30 de noviembre de 2008, 21:28  

Hola Elionor,
Aloma fue precisamente la primera novela que leí de Rodoreda. Me has dado ganas de volverla a releer. Cuando pienso en Aloma me vienen a la mente sensaciones de tristeza, de ver como las situaciones nos fuerzan a cambiar sin estar preparados, entre la infancia y la madurez.
También me encantan las imágenes que Rodoreda transmite de esa tan diferente Barcelona de los años 30 en Aloma. Es una pena que de la mayoría de Sant Gervasi, con sus casitas y jardines, bien poco haya quedado.
Saludos y gracias por la entrada.

Elionor 1 de diciembre de 2008, 16:49  

Gracias a vosotros por leerlo.

Aissss, los abuelos... son importantes toda la vida...

Josep, si hace mucho que leíste Aloma quizá te pase como a mi al releerla, que encuentras cosas nuevas.

Queda muy poquito de aquel Sant Gervasi; algunas de las torres grandes y algunas de las más sencillas, como la de Aloma. En otros barrios también se han conservado, en Gràcia, en Sarrià, en Pedralbes... Las que se han convertido en jardines públicos nos permiten hacer una idea de cómo eran las grandes torres con parque. Aclaro que una torre no es una construcción alta con almenas ;-) sino una casa con jardín, independientemente de su tamaño; aquí nadie se va al chalet el fin de semana, sino a la torre.

Josep 1 de diciembre de 2008, 18:49  

Es una pena que el crecimiento y las necesidades de especular hayan terminado con mucho de ese patrimonio. Se me ocurre un ejemplo, que nada tiene que ver con Aloma, como es el de la eliminación de los jardines del Palau Moja de la Rambla para hacer los almacenes SEPU. Ahora no nos podemos hacer a la idea de cómo era ese palacio con jardín en un lugar como ese.
Yo quiero una torre en Pedralbes con vistas a toda Barcelona!!! Por suerte o desgracia, sólo me la puedo imaginar y recrear mentalmente.
En relación con Aloma, no sé si fue una lectura obligatoria desde el Departament d'Educació o impuesta por mi profesora. Pero no se puede negar que desde ese punto de vista de las lecturas obligatorias, se le ha hecho justicia a Rodoreda ( en Bachillerato del año 2002-2003 era obligatoria la lectura de La meva Cristina ). Por tanto, es complicado que alguien de la generación ESO no sepa quien es Mercè Rodoreda o no le suene ninguna obra suya. Supongo que es un caso similar al de Pedrolo y el megafomoso Mecanoscrit del segon origen, jajaja.
Saludos!

Josep 2 de diciembre de 2008, 12:17  

Hawai, una cosa que me preguntabas y que no sé si habrás resuelto. Es al respecto del nombre de Aloma. He mirado en la enciclopèdia catalana que dice lo siguiente:

Personatge que encarna les virtuts d'esposa i mare en el Llibre d'Evast e de Blanquerna de Ramon Llull. Havent contret matrimoni amb Evast, mira amb cert recel les idees ascètiques d'aquest i del seu fill Blanquerna, però acaba adaptant-se a la vida abnegada i caritativa del marit, i pren categoria de símbol a mesura que l'obra avança.

El nombre. por tanto, no es casual (este extremo lo desconocía). Saludos!

Elionor 2 de diciembre de 2008, 12:27  

Josep, vuelve a leer el libro... casi lo primero que explica la prota es por qué se llama Aloma ;-)

Lo del Palau Moja es para echarse a llorar. En vez de eso, cuando nuestros coblogueros vengan a Barcelona les llevaremos a visitar algunas calles alejadas del centro :-) Si habéis visto Vicky, Cristina, Barcelona, por donde vive el pintor, por ejemplo.

Josep 2 de diciembre de 2008, 21:17  

Ves, la memoria me juega malas pasadas. Tengo que volver a adquirir esa novela, dado que se la presté a alguien y no la he vuelto a recuperar.
Ahora que comentas lo de las villas, en Pedralbes, cuando trabajaba por ahí, había un remanso de paz "vintage" al lado de los jardines de Vil·la Amèlia. No me dio tiempo en los descansos de visitar el parque, pero en los alrededores sí que se veían unas casitas de estilo "inglés", con su jardincito, con ese aire romántico del vecindario de Aloma, salvando las distancias, porque no recuerdo si la casa de Aloma era aislada o adosada.
Saludos!

Elionor 2 de diciembre de 2008, 23:06  

Qué rabia da eso de prestar un libro y que no te lo devuelvan!

Josep, era broma, yo me acuerdo porque lo acabo de leer.

La casa de Aloma es aislada, pero sí, esa zona es un buen ejemplo. La misma Vil·la Amèlia era una torre con parque, una de las que han pasado a titularidad pública.

Hawai 3 de diciembre de 2008, 11:08  

Os sigo muy atentamente: la historia de las grandes ciudades, en cierta forma, nos pertenece a todos. ¿No somos todos un poco neoyorquinos después de tropecientas pelis?.

¿Debo deducir que Aloma es un nombre vinculado a un tipo de mujer virtuosa y sufrida?.

Otra cosa que os quería preguntar, ¿qué tipo de gente vivía en esos barrios barceloneses de casitas con jardín?.


Saluditos.

Josep 3 de diciembre de 2008, 12:49  

En cuanto a a clase de gente que vivía en esas casitas tengo dos hipótesis:
1-Gente que ya vivía allí. Hay que tener en cuenta que antes eran municipios independientes los lugares donde se construía de esa manera.
2-Gente de Barcelona. Barcelona ahogada entre murallas, hasta que se autorizó a tirarlas abajo, era una ciudad muy densa. En cuanto autorizaron a construir en el llano de Barcelona el Ensanche, la gente que pudo se fue a vivir a esas zonas más aireadas.

Estos por entonces municipios independientes donde se construían las "torres" tenían dos caracteres. Unas zonas eran más industriales, y la construcción se adaptaba a las necesidades de los trabajadores. Por ejempo, Sants, Gràcia, Sant Andreu, el Poblenou. Otras eran más montañosas, como Les Corts, Sarrià, Sant Gervasi ou Horta, allí sí que se construían esas casas de veraneo. Así que imagino que tendrían la casa principal, los ricos, en el ensanche, y la de veraneo en Sarrià o Pedralbes u otras localidades más lejanas, como Caldetes o La Garriga.

He generalizado mucho muchísimo, supongo que Elionor podrá matizar lo que he escrito.
Saludos!

Hawai 3 de diciembre de 2008, 21:09  

Es que justo ahí quería llegar, Josep: cuando imagino un barrio tradicional de trabajadores en la clásica ciudad 'en desarrollo y construcción', me viene a la mente más el estilo de la casa de vecinos de Madrid, las corralas.

Es por eso que estos barrios tan habitables, de los que nos habláis, con sus casitas y jardines, me han llamado la atención.

Nemorino 4 de diciembre de 2008, 21:23  

Veo que este blog dará más de lo que me imaginaba.

No sé si será para siempre pero yo no he descubierto el placer de la lectura. Sólo recuerdo un libro que me hizo disfrutar de una manera inesperada, El Perfum, me sorprendió por la historia en sí y, sobre todo, por la traducción.
De la Rodoreda... res de res, no he leído nada, aiinsss. Buscando por la casa he encontrado un libro de ella, La meva Cristina y altres contes y, por lo que veo, no se ha abierto.

¿Tengo solución? :)

Relacionado con las casitas... no conozco los barrios de casas con jardín pero, sí las torres de veraneo (o no) que los barceloneses adinerados se construían por diferentes zonas del Vallès.
Igual que dice Elionor no se llaman chalets, suelen usarlo los castellanos, aunque, no es extraño que estas casas sí tengan una/s torre/s acabadas en tejado cónico o piramidal; con almenas no he visto ninguna. :)

Gracias.

Saludos.

Josep 4 de diciembre de 2008, 22:24  

Yo, si supero estas oposiciones, terminaré por odiar cualquier clase de lectura... Josep, ya pasa, que si no encuentras la lectura adecuada, por más que insistas no la terminas. Soy especialista en leer las 10 primeras páginas y desistir de la lectura sin volverla a recuperar más...

Lo que dice Nemorino del Vallés tiene ejemplos famosos como la illa Raspall de La Garriga.

O en Sitges la zona de Terramar.

http://www.poblesdecatalunya.cat/element.php?e=946

Otro ejemplo, el de Caldetes:

http://www.poblesdecatalunya.cat/element.php?e=2869

U otro conjunto que sí que conozco bien, el de las casas novecentistas del lago de Puigcerdà, en la Cerdanya de mis antepasados:
http://www.poblesdecatalunya.cat/element.php?e=1047


A ver si Silvia nos da réplica en este tema, me interesa especialmente su opinión en relación con los barrios ajardinados. Lo cierto es que lo más cercano es lo que más desconocemos.

Saludos!

Elionor 9 de diciembre de 2008, 9:57  

Nemorino, seguro que hay un libro para ti, antes o después caerá en tus manos.

Josep, cuando apruebes las opos volverás a leer por placer. Porque leer, seguro que lees mucho.

A ver, esto de las casitas con jardín...yo lo veo de forma muy parecida a la vuestra: por un lado tenemos la Barcelona amurallada, ahí no cabía, salvo contadas excepciones, ni un tiesto. Los pueblos cercanos eran muy pequeños, y por regla general las casas tenían patio o jardín, la caseta i l'hortet, eso creo que forma parte de nuestra manera de ser. Cuando Barcelona se libera de las murallas, las primeras familias que pueden moverse son, lógicamente, las más pudientes, y se ponen de moda las casas con grandes parques, en las zonas más sanas (más altas) de la ciudad, y cuando se mueven las clases medias imitan el estilo de las clases altas.

¿Dónde vivían los obreros? O en la Barcelona más antigua, en alojamientos diminutos, o en los pueblos cercanos (y se desplazaban andando a sus lugares de trabajo) o en las colònies, los pueblos que los propietarios de las fábricas construían para sus empleados: nuevamente la caseta i l'hortet.

Ese modelo de crecimiento se mantuvo hasta hace unas décadas, hasta la época del desarrollismo, que fue cuando aparecieron nuevos barrios en Barcelona, en las zonas más alejadas e incómodas, mal construídos porque nadie se preocupó de hacerlo bien. Y fue también cuando desaparecieron muchas de las casas, pequeñas o grandes, para convertirse en edificios de pisos. Y como no quiero hablar de política, aunque sea antigua, me callo ;-)

Josep 11 de diciembre de 2008, 19:39  

Elionor, gracias por los nuevos datos. No había pensado en las colonias industriales, se me habían pasado por alto.
Respecto de la Barcelona antigua, era una ciudad muy malsana, con una densidad tan extrema que la hacía inhumana. Imaginad calles estrechas, industrias pestilentes, humos, cabras por las calles..., en definitiva, mierda por todas partes.

Ya que hablas del desarrollismo, la señora Lola de Porcioles tenía su propia rosa, creada por Camprubí. Supongo que a pesar de que es la época de los bloques de barrio y de la infravivienda, ellos tendrían una buena "choza" para plantar los rosales.

Saludos!!

Hawai 13 de diciembre de 2008, 13:26  

Os leo con mucha atención....

El tema es apasionante en sí mismo: el desarrollo industrial y urbano.

En todas partes fue traumático el que una pequeña urbe tuviera que albergar casi de la noche a la mañana a miles de personas. La gente se hacinaba y eso conlleva problemas de higiene pública.
Y, claro, la especulación es el siguiente paso, ya más de nuestro siglo: adiós casitas con jardín, bienvenidos bloques.

He recordado algo: el que describe con pelos y señales todas estas visicitudes es Charles Dickens. Hace descripciones espeluznantes de los suburbios londinenses de su época (entiéndase suburbios en el sentido anglo, de barrios alrededor de centro urbano).

Saluditos!!!.

Inspiración jardinera

"No hay dos jardines iguales. No hay dos días iguales en el mismo jardín."

Hugh Johnson

Ojo científico

Inspiración jardinera

"Debido a que el aroma de las flores es mucho más suave en el aire (donde va y viene, como la cadencia de la música), que en la mano, nada resulta más placentero que conocer cuáles son las plantas que mejor perfuman el aire. Las rosas, damascenas y rojas, son las que emiten aroma de manera más rápida...."

De Jardines, escrito por Francis Bacon en 1625.

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