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martes, 4 de agosto de 2009

García Lorca y las rosas: Doña Rosita y Mutabilis


Pocos escritores tenemos tan amantes de las flores, y, en especial, de las rosas, como el poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca (1898-1936).

En su obra teatral en tres actos Doña Rosita la soltera (1935), cuyo título completo es Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores, introduce de manera simbólica las rosas.

El nombre mismo de la protagonista, Rosita, hace referencia alegórica a la vida de una rosa: capullo, plena flor, marchitez.

Rosita vive con sus tíos, y se encuentra prometida con un primo ( 'el sobrino') que, por razones de trabajo, se traslada a Tucumán (Perú). Ambos prometidos se cartean durante años, y él le pide que se casen por poderes. Un día, Rosita recibe una carta en la que su prometido le confiesa que se ha casado. Su tío fallece endeudado, debido a lo que gastó en el ajuar de Rosita. Al no poder mantener la casa y el jardín, Rosita y su tía se mudan. El día de la mudanza, Rosita confiesa su hastío, y se desmaya.

La obra se desarrolla en una casa con jardín, donde tanto el tío como Rosita resultan ser unos grandes aficionados a la jardinería. Leed con mucha atención este fragmento:

Tío: ¿Y mis semillas?

Ama: Ahí estaban.

Tío: Pues no están.

Tía: Eléboro, fucsias y los crisantemos, Luis Passy violáceo y altair blanco plata con puntas heliotropo.

Tío: Es necesario que cuidéis las flores.

Ama: Si lo dice por mí...

Tía: Calla. No repliques.

Tío: Lo digo por todos. Ayer me encontré las semillas de dalias pisoteadas por el suelo. (Entra en el invernadero.) No os dais cuenta de mi invernadero; desde el ochocientos siete, en que la condesa de Wandes obtuvo la rosa muscosa, no la ha conseguido nadie en Granada más que yo, ni el botánico de la Universidad. Es preciso que tengáis más respeto por mis plantas.

Ama: Pero ¿no las respeto?

Tía: ¡Chist! Sois a cuál peor.

Ama: Sí, señora. Pero yo no digo que de tanto regar las flores y tanta agua por todas partes van a salir sapos en el sofá.

Tía: Luego bien te gusta olerlas.

Ama: No, señora. A mí las flores me huelen a niño muerto, o a profesión de monja, o a altar de iglesia. A cosas tristes. Donde esté una naranja o un buen membrillo, que se quiten las rosas del mundo. Pero aquí... rosas por la derecha, albahaca por la izquierda, anémonas, salvias, petunias y esas flores de ahora, de moda, los crisantemos, despeinados como unas cabezas de gitanillas. ¡Qué ganas tengo de ver plantados en este jardín un peral, un cerezo, un caqui!

Tía: ¡Para comértelos!

Ama: Como quien tiene boca... Como decían en mi pueblo:

La boca sirve para comer,
las piernas sirven para la danza,
y hay una cosa de la mujer...

(Se detiene y se acerca a la Tía y lo dice bajo.)

Tía: ¡Jesús! (Signando.)

Ama: Son indecencias de los pueblos. (Signando.)

Rosita: (Entra rápida. Viene vestida de rosa con un traje del novecientos, mangas de jamón y adornos de cintas.) ¿Y mi sombrero? ¿Dónde está mi sombrero? ¡Ya han dado las treinta campanadas en San Luis!

Ama: Yo lo dejé en la mesa.

Rosita : Pues no está. (Buscan.) (El ama sale.)

Tía: ¿Has mirado en el armario? (Sale la tía.)

Ama: (Entra.) No lo encuentro.

Rosita: ¿Será posible que no sepa dónde está mi sombrero?

Ama: Ponte el azul con margaritas.

Rosita: Estás loca.

Ama: Más loca estás tú.

Tía: (Vuelve a entrar.) ¡Vamos, aquí está! (Rosita lo coge y sale corriendo.)

Ama: Es que todo lo quiere volando. Hoy ya quisiera que fuese pasado mañana. Se echa a volar y se nos pierde de las manos. Cuando chiquita tenia que contarle todos los días el cuento de cuando ella fuera vieja: «Mi Rosita ya tiene ochenta años»..., y siempre así. ¿Cuándo la ha visto usted sentada a hacer encaje de lanzadera o frivolité, o puntas de festón o sacar hilos para adornarse una chapona?

Tía: Nunca.

Ama: Siempre del coro al caño y del caño al coro; del coro al caño y del caño al coro.

Tía: ¡A ver si te equivocas!

Ama: Si me equivocara no oiría usted ninguna palabra nueva.

Tía: Claro es que nunca me ha gustado contradecirla, porque ¿quién apena a una criatura que no tiene padres?

Ama: Ni padre, ni madre, ni perrito que le ladre, pero tiene un tío y una tía que valen un tesoro. (La abraza.)

Tío: (Dentro.) ¡Esto ya es demasiado!

Tía: ¡María Santísima!

Tío: Bien está que se pisen las semillas, pero no es tolerable que esté con las hojitas tronchadas la planta de rosal que más quiero. Mucho más que la muscosa y la híspida y la pomponiana y la damascena y que la eglantina de la reina Isabel . (A la tía.) Entra, entra y verás.

Tía: ¿Se ha roto?

Tío: No, no le ha pasado gran cosa, pero pudo haberle pasado.

Ama: ¡Acabáramos!

Tío: Yo me pregunto: ¿quién volcó la maceta?

Ama: A mí no me mire usted.

Tío: ¿He sido yo?

Ama: ¿Y no hay gatos y no hay perros, y no hay un golpe de aire que entra por la ventana?

Tía: Anda, barre el invernadero.

Ama: Está visto que en esta casa no la dejan hablar a una.

Tío: (Entra.) Es una rosa que nunca has visto; una sorpresa que te tengo preparada. Porque es increíble la "rosa declinata" de capullos caídos y la inermis que no tiene espinas; ¡qué maravilla!, ¿eh?, ¡ni una espina!; y la mirtifolia que viene de Bélgica y la sulfurata que brilla en la oscuridad. Pero ésta las aventaja a todas en rareza. Los botánicos la llaman "rosa mutabile", que quiere decir mudable, que cambia... En este libro está su descripción y su pintura, ¡mira! (Abre el libro.) Es roja por la mañana, a la tarde se pone blanca y se deshoja por la noche.

Cuando se abre en la mañana.
roja como sangre está.
El rocío no la toca
porque se teme quemar.
Abierta en el mediodía
es dura como el coral.
El sol se asoma a los vidrios
para verla relumbrar.
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar,
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal.
Y cuando toca la noche
blando cuerno de metal
y las estrellas avanzan
mientras los aires se van,
en la raya de lo oscuro,
se comienza a deshojar.

Tía: ¿Y tiene ya flor?

Tío: Una que se está abriendo.

Tía: ¿Dura un día tan solo?

Tío: Uno. Pero yo ese día lo pienso pasar al lado para ver cómo se pone blanca.

Rosita: (Entrando.) Mi sombrilla.

Tío: Su sombrilla.

Tía: (A voces) La sombrilla.

Ama : (Apareciendo) ¡Aquí está la sombrilla! (Rosita coge la sombrilla y besa a sus tíos.)

Rosita: ¿Qué tal?

Tío: Un primor.

Tía: No hay otra.

Rosita: (Abriendo la sombrilla.) ¿Y ahora?

Ama: ¡Por Dios, cierra la sombrilla, no se puede abrir bajo techado! ¡Llega la mala suerte!

Por la rueda de San Bartolomé
y la varita de San Jo sé
y la santa rama de laurel,
enemigo, retírate
por las cuatro esquinas de Jerusalén.
(Ríen todos. El tío sale.)

Rosita: (Cerrando.) ¡Ya está!

Ama: No lo hagas más... ¡ca...ramba!

Rosita: ¡Huy!

Tía: ¿Qué ibas a decir?

Ama: ¡Pero no lo he dicho!

Rosita: (Saliendo con risas.) ¡Hasta luego!

Tía: ¿Quién te acompaña?

Rosita: (Asomando la cabeza.) Voy con las manolas.

Ama: Y con el novio.

Tía: El novio creo que tenía que hacer.

Ama: No sé quién me gusta más, si el novio o ella. (La tía se sienta a hacer encaje de bolillos.) Un par de primos para ponerlos en un vasar de azúcar, y si se murieran, ¡Dios los libre!, embalsamarlos y meterlos en un nicho de cristales y de nieve. ¿A cuál quiere usted más? (Se pone a limpiar.)


Tía: A los dos los quiero como sobrinos.

Ama: Uno por la manta de arriba y otro por la manta de abajo, pero...

Tía: Rosita se crió conmigo.

Ama: Claro. Como que yo no creo en la sangre. Para mí esto es ley. La sangre corre por debajo de las venas, pero no se ve. Más se quiere a un primo segundo que se ve todos los días, que a un hermano que está lejos. Por qué, vamos a ver.

Tía: Mujer, sigue limpiando.


¿Habría visto García Lorca a la rosa Mutabilis en vivo?...¡porque es justo al revés! jajajaja. Mutabilis abre en tonos crema, que pasan rápidamente al amarillo y al melocotón, y, de ahí, al rosa y al fuchsia:








Me hubiera gustado mucho conocer a García Lorca en persona, creo que no me resistiría a comentarle esto, porque, además, Mutabilis es uno de mis rosales de jardín favoritos.

"Una rosa es una rosa es una rosa".
Gertrude Stein.

6 comentarios:

Josep 4 de agosto de 2009, 9:35  

"Ama: No, señora. A mí las flores me huelen a niño muerto, o a profesión de monja, o a altar de iglesia. A cosas tristes. Donde esté una naranja o un buen membrillo, que se quiten las rosas del mundo. Pero aquí... rosas por la derecha, albahaca por la izquierda, anémonas, salvias, petunias y esas flores de ahora, de moda, los crisantemos, despeinados como unas cabezas de gitanillas. ¡Qué ganas tengo de ver plantados en este jardín un peral, un cerezo, un caqui!"

Esta frase es la que más grabada me quedó de Doña Rosita la soltera. Yo creo que ese pensamiento práctico de la sirvienta está tan anclado en la mayoría de las personas que por ese motivo no tenemos una jardinería ornamental especialmente destacada.

Saludos!

iolanda 4 de agosto de 2009, 13:43  

Holaa,

Josep, que curioso, a mi también me ha llamado la atención esa parte de la obra, yo no me la he leido entera, pero es que normalmente a García Lorca lo evito, siempre me deja una tristeza muy honda...

Vale, ahora se que el mutabilis que compré en Itu, no es mutabilis, pues precisamente a mi me abren rojas y se aclaran un poco y caen, y si, mas o menos dura un día

Creo que me voy a copiar esa pequeña y entrañable poesía y la voy a pedir en cerámica... me gustaría tener algo así de cada rosal, ainssss.

Me ha encantado la entrada, Gracias Hawaii.

besitos,

Ana. 5 de agosto de 2009, 13:05  

Qué entrada más preciosa Hawai!
Iolanda, tu mutabilis debe ser como el de Lorca! O a lo mejor hizo esa descripción a propósito...
A todos nos ha llamado la atención la misma parte de la obra, nos parece incompernsible que alguien piense así, pero es como dice Josep, parte de nuestra historia jardineril y creo que todavía hay mucha gente que piensa así, o que lo que se planta hay que "sacarle un provecho" o que las ornamentales dan mucho trabajo, yo veo demasiado cemento todavía...
Que las rosas huelen a "profesión de monja" me ha dejado...

Ana María 5 de agosto de 2009, 18:18  

Hola!

Gracias por la entrada Hawai :) no he leído Doña Rosita la soltera pero sí me gustaría leerla, en general me gusta el teatro y la novela, la poesía también porque a veces su sonoridad me hace olvidar las palabras que estoy leyendo.. es algo que hacía cuando vivía en Sevilla: ir al Parque de los Príncipes y leer en la rosaleda poesía de Rubén Darío o alguno de la época, y escuchar la sonoridad de la poesía al pronunciarla. Debería volver a hacer estas cosas..

En fin, Mutabilis me gustó cuando la conocí, a pesar de ser una rosa con pocos pétalos y los estambres "al aire", pero me parece muy atrayente, con esos tonos que van de uno a otro sin que la rosa se perturbe :)

Besos :)

Maruxa 7 de agosto de 2009, 20:46  

Me gusta muchisimo Garcia Lorca, siempre me parece que me llegan perfumes del campo con sus palabras, pero también,nostalgia y tristeza, como el eco de unos tiempos terribles
Rezo para que no se repitan.
Un beso a todos
Maruxa.

Hawai 10 de agosto de 2009, 10:20  

Hola, guap@s!!!!!.

Es difícil que Lorca no guste, ¿verdad?.

Lo que comentas de aunar poesía y jardín me parece una idea maravillosa del Parque de los Príncipes, Ana María :-). Debería hacerse más a menudo, creo que no aprovechamos todo nuestro potencial cultural.

Muchos besos para los cinco.

Inspiración jardinera

"No hay dos jardines iguales. No hay dos días iguales en el mismo jardín."

Hugh Johnson

Ojo científico

Inspiración jardinera

"Debido a que el aroma de las flores es mucho más suave en el aire (donde va y viene, como la cadencia de la música), que en la mano, nada resulta más placentero que conocer cuáles son las plantas que mejor perfuman el aire. Las rosas, damascenas y rojas, son las que emiten aroma de manera más rápida...."

De Jardines, escrito por Francis Bacon en 1625.

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