
Leyendo las entradas sobre el jardín de Martha Stewart me acordé de este curioso librito,
Ensayo sobre la jardinería moderna, (librito porque el ensayo tiene menos de cuarenta páginas, y curioso porque está escrito en el siglo XVIII) y pensé que podría tener su interés comentarlo aquí.
Su autor es Horace Walpole (1717-1797), si os gusta la novela gótica quizá reconozcáis este nombre como el del autor de
El castillo de Otranto. Efectivamente se trata de la misma persona; el señor Walpole, conde de Orford, era aficionado a las letras, la historia y la jardinería y su ensayo trata, tras un brevísimo repaso de la historia de la jardinería, de las excelencias del jardín inglés en contraposición al jardín francés.
Para Walpole la descripción del jardín ideal se encuentra en
El Paraíso perdido, de John Milton (1608-1674). De él dice:
El vigor de una imaginación ilimitada le dijo cómo podría trazarse un plan que embelleciese la naturaleza, y devolver al arte la función que le corresponde, que es simplemente ajardinar o imitar la naturaleza.
Walpole relaciona el origen del jardín inglés con la supresión de los setos que cerraban la zona más próxima a la casa:
Si digo que el haber abandonado los setos fue un paso adelante, es por las siguientes razónes. Tan pronto como se hizo este simple encantamiento hubo que nivelar, cortar la hierba y pasar el rodillo. El campo contiguo al parque sin la cerca desaparecida, hubo que armonizarlo con el césped del interior; y al jardín, a su vez, hubo que librarlo de su remilgada regularidad, para que se aviniese con los terrenos exteriores, que eran más salvajes.
En esta línea nos habla del pintor y paisajista William Kent (1685-1748) como impulsor del jardín-paisaje, del jardín visto como un cuadro:
En aquel momento apareció Kent, lo bastante pintor para apreciar los encantos del paisaje, lo bastante valiente y testaruro para atreverse y dictar, y nacido con el genio necesario para emprender un gran camino a partir de aquellos primeros pasos de intentos imperfectos. Saltó el seto, y vio que toda la naturaleza era un jardín.
Sin duda, se muestra muy orgulloso del nuevo estilo:
Nosotros hemos descubierto el punto de perfección; hemos proporcionado el verdadero modelo de ajardinamiento al mundo; que otros países imiten o corrompan nuestro estilo, pero que aquí reine en su verde trono, original por su elegante simplicidad, y orgulloso de ningún otro arte que no sea el de suavizar las asperezas de la naturaleza y copiar su toque lleno de gracia.
Por el contrario arremete contra el jardín francés, tan ordenado y tan alejado del paisaje (mejor me ahorro la cita de las críticas, vista la cita anterior). Y tampoco le gusta el "jardín chino" (en realidad chino, japonés o indio, lo que se consideraba "oriental" en aquella época), o
sharawadgi, difundido unas décadas antes en Europa por Sir William Temple (1628-1699); este tipo de jardines recrea el paisaje pero (siempre según el autor) desde el artificio. Al parecer, en Francia se hablaba del
goût anglo-chinois, y a nuestro señor Walpole no le gustaba nada esa alianza.
Acabo el repaso con la opinión de Walpole sobre el mejor diseñador, que fue lo que trajo a la memoria este ensayo.
Por lo general, probablemente sea cierto que el propietario, si tiene gusto, sería el mejor diseñador de sus propios ajardinamientos. Él ve la situación durante todas la estaciones del año, en todos los momentos del día. Sabe en qué lugar la belleza no entrará en conflicto con la comodidad, y observa en sus silenciosas caminatas o accidentales paseos a caballo mil atisbos que forzosamente se escaparán a una persona que en unos cuantos días traza un bonito dibujo, pero que no ha tenido el tiempo libre para examinar los detalles y relaciones de cada una de las partes.
¿Y sobre rosas? Nada. Ni una palabra.
Ensayo sobre la jardinería moderna
Horace Walpole
José J. de Olañeta Editor. 2003
(imagen: Naos Libros)"La espina defiende a la rosa, y sólo hiere a aquél que quiera robar el capullo".
Proverbio chino.